La historia del bolígrafo Bic


Una breve historia sobre el bolígrafo

“El hecho histórico es el Bic vacío y con tapa”

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El hecho de atribuir un invento a su descubridor se vuelve en ocasiones algo del todo criticable. Siempre está quien tiene la idea y con un poco de suerte la pone en marcha. Pero al poco tiempo otro tercero la perfeccionará y tendrá más éxito. Un cuarto será el que venda la patente, siempre y cuando, un enésimo no haya reclamado una anterior invención del producto.

Sin embargo, también puede ser que la contribución de cada uno llegue a la consecución de no un algo mayor, sino un algo muy grande: desde finales del siglo XIX ha habido una gran cantidad de patentes del bolígrafo.

John Loud en 1888 fue el primero que tuvo la idea de la bolita giratoria en la punta del boli -que de ahí su nombre. Comenzó siendo una idea aplicada a su negocio: poder diseñar fácilmente patrones sobre el cuero con el que trabajaba. Sin embargo el uso de este prehistórico boli no llegó al mundo de la escritura sobre papel: goteaba y dejaba manchas. Muy poquito después, el croata multipatentativo Eduard Penkala -el mismo que inventó las bolsas de agua caliente- inventó la pluma estilográfica de tinta sólida, e introdujo novedades en la lapicera , la llamó “lápiz automático”. Nos encontramos en los primeros años del 1900. En menos de una década, aparecen dos nuevas patentes del bolígrafo, la del señor Baum y la del señor Riesburg. Pero ninguna de sus invenciones llegó a cuajar: sus bolis dejaban un trazo desigual en la escritura.

José Biró es el que más se acerca a ser el propietario de esta herramienta para escribir. Nacionalizado en Argentina y periodista de profesión, podría considerarse un pequeño Edison del siglo XX.

Se dice que Biró tuvo esta genial idea mientras escribía uno de sus reportajes: Estaba cansado de que la pluma (llamada también boli-fuente) con la que escribía se le trabara al realizar sus trazos. Su inspiración llegó al contemplar a unos niños que jugaban con unas bolas en la calle. Una de estas bolas, al escapársele a uno de ellos, cruzó un charco y dejó tras de sí un rastro de agua que marcaba su trayectoria. Este sería el ideal infantil en el que se basaría Biró para llegar a su prototipo.

En 1940 se establece en Buenos Aires la empresa Biró-Meyne-Biró, que llevaba los nombres de los dos socios. Desde el corazón de un garaje lanzaron su producto al mercado con el nombre de Birome (Biro-Meyne). Actualmente, el bolígrafo común es conocido en latinoamérica con ese nombre. Su inventor lo denominó: esferográfico. Sin embargo, dada la basicidad de este prototipo, el birome recibió muchas críticas y fue acusado de juguete y ser más adapto para el público infantil.

Finalmente, los derechos para Europa los comercializó Marcel Bich en una fábrica de París en 1945. Bich fue quien llevaría al bolígrafo al centro de su revolución: la revolución Bic. El nombre de la marca proviene de su propio apellido, sin embargo fue un asesor personal el que aconsejó al señor Marcel cambiar el nombre de su marca, debido al desafortunado parecido que tenía con la palabra inglesa “bitch”.

El precio de un Bic rondaba los 100 dólares en 1949. Era el precursor del que hoy se conoce como boli cristal -“transparente y de forma hexagonal, de tinta indeleble, secado rápido y siempre cargado. Y encima de una mesa jamás rodará hacia ningún sitio”-. A partir de entonces y debido a su gran demanda, el precio de los bolígrafos se redujo extremadamente hasta alcanzar el valor que actualmente poseen. Marcel Bich contribuyó a la democratización del bolígrafo, que hoy en día es considerado uno de los mejores inventos del siglo pasado por su asequibilidad, simplicidad y fácil uso. “Todos tienen un bolígrafo BIC en la mano”, decían sus primeros eslóganes.

A partir de los años 50, la empresa comienza su expansión universal. Comienzan con ello las novedades: surge el boli retráctil, vendido como M10 Clic, en referencia al sonido que hace al ser accionado. El boli clic tenía como ventaja la protección de la punta y, en determinadas ocasiones, impedir manchar el entorno con el que entre en contacto.

Bic adquiere Water-Pen, la creadora de la pluma fuente. Con lo que obtiene el liderazgo universal en la industria de los bolígrafos de alta calidad con un precio muy bajo.

En 1961 se crea su famoso logotipo: un elegante bolígrafo vestido de traje naranja con cabeza esférica y metálica. Y en 1973 aparece un hito: el mechero Bic, un encendedor de llama ajustable de bajo precio y gran calidad. También en esos años aparece el otro gran hito: la cuchilla de afeitar desechable. El éxito fue enorme.

En los años 80 aparece la subsidiaria Bic Sports. Desde entonces la marca fabrica también velerons y canoas. Y en los 90, la empresa adquiere otras como Wite-Out Products y la conocida Tipp-Ex. Apareceran otras innovaciones como la tinta gel, bajo la gama “Crystal Gel“; también el famoso “tipexShake and Squeeze y los bolis con grip, los del frenillo adherente en la parte en la que se agarran. Las cuchillas se hacen de doble y triple hoja. En los últimos años Bic ha reforzado su imagen con empresas como Disney y Mattel. Aparecen los bolis, las plumas y los lápices con la imagen de Barbie y otros personajes infantiles. A mediados de 2009 la empresa se une al sector telefónico gracias al lanzamiento del BicPhone.

La universalidad e impecabilidad de Bic ahora se refleja en su nuevo eslogan, “No Sabe Fallar“. En los años 80, se presentaba en la televisión como algo así de divertido:

Actualmente se venden al día 11 millones de cuchillas y 4 millones de encendedores de la marca, que se ha convertido, desde hace casi siete décadas, en el monopolio de la imagen de lo desechable. De hecho, el inventor de aquel birome de plástico transparente y punta esférica de tungsteno, tras usar el primer ejemplar lo tiró a la basura.

“Se desecha y no se usa más. Es barato, pero es bueno. Podrás conseguir otro igual por muy poco precio”. Ese es su mensaje básico. El boli bic, por tanto, tiene poco más en lo que hacer uso. Sin embargo esa carencia es su principal característica. Y es que quizá sea uno de los inventos más usados de la historia.

Además de su más conocido uso, el Bic Cristal ha sido una herramienta polivalente a lo largo de los años: los espías de la Guerra Fría usaban el capuchón del boli como microcámara de fotos colocando un negativo en el agujero. Es ideal para practicar traqueotomías de urgencia, apretar tuercas, escribir chuletas o como cerbatana. Muchas mujeres se recogen el pelo con su cuerpo y, hasta hace pocos años, rebobinar la cinta de casette era una maravilla. Otras veces los capuchones son mordisqueados incisivamente como símbolo de tensión ante un examen, o mientras se estudia. Y existe también quien ha hecho maravillosas obras de arte con su tinta, como las imágenes del andaluz Juan Francisco Casas. Esta es su web.

Esta es la última joya televisiva de la marca. Los nuevos Blank Canvas, el rotulador lavable de Bic.

Un bolígrafo Bic es capaz de trazar una línea de 2 kilómetros de longitud; su historia es un galimatías prácticamente indescriptible, pero nunca desechable.


  1. Álvaro! Me encantó, pero quisiera saber si conoces de un vídeo inédito sobre los lapiceros Bic que fue publicado en Francia en el año 2005. Te agradezco desde ya!…abrazos nicaragüenses.

  2. Hola Alvaro, que bueno que publicaste el video del documental, lo estaba buscando, este documental lo vi subtitulado en la tele hace poco. Es muy completo.


Vamos, ¡comenta!

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