La Bella Italia!


Nunca me habría imaginado que fuera de esta manera. He de confesar que Italia impresiona. Lo que aún no sé es si para bien o para mal.
Vivo aquí desde hace un mes y jamás me habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo:

He dormido en una residencia 10 días en la que pedías pizza y te llamaban al teléfono de tu habitación cuando estaba lista; he pasado dos noches en un B&B, lo más parecido a la Casa de los Horrores, con 2 señoras regentes de 70 años que me preparaban café por la mañana. He buscado piso durante 8 incansables días de norte a sur de la ciudad; he visto 18 apartamentos de todo tipo, desde pocilgas en las que había 8 o 9 camas y hacían contrato solo a 2 personas, hasta verdaderas mansiones señoriales con techos de 5 metros de alto, cortinas de terciopelo y sofás tapizados del siglo XVIII. He visto caseros de lo más variopinto. He conocido el conducir de los italianos, su agresividad y su mala educación. Me he enzarzado con unos cuantos funcionarios, con agentes inmobiliarios y secretarias ineficaces. Por fin conozco la tardanza y el relax de los paisanos italianos. He comenzado demasiado pronto a odiar la pasta; pero también a descubrirla y a amarla. He comido pizza con alcaparras, sésamo y anchoas. He comenzado a amar el “arancino”. He saturado de arte a mis 5 sentidos cada vez que salía a la calle; he conocido el significado de un mes sin internet y también he esperado tres semanas desde que lo contraté para que me lo pusieran. He montado en bicicletas. Me he tropezado una y otra vez con el empedrado de todas y cada una de sus calles. He hablado con italianos, polacos, japoneses, letones, jordanos, mexicanos y argentinos en todo tipo de lugares. Me he reído mucho, pero también he llorado. Me he sentido arropado, pero también he tenido momentos de soledad. He gritado de locura y también me he agobiado por no tener nada que hacer. He cocinado macarrones con tomate y bonito a las siete y media de la mañana. He cantado, he bailado, me he disfrazado y he bebido mosto con vodka. Y también he conocido a Peroni y Limoncello. Me he dado cuenta de que las palabras más pronunciadas por un italiano son “alora”, “adesso” y “cazzo”. Y también de que el tono cantarín del idioma es muy difícil de aprender. He conocido la diferencia entre el “macchiato” y el “latte macchiato”; y también me he venido abajo varias veces al saber que el café es más fuerte que yo. He experimentado el buen gusto de los italianos por la ropa y también he visto Vogue ser editado semanalmente. He visto gente “quasi” rara, rara y rarísima y me he dado cuenta de que Italia me gusta.

Ayer me pusieron Internet. Hoy me he comprado una bici. Creo que aquí comienza todo…

Ci vediamo!
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