Di avventura svizzera!


La televisión italiana me provoca un profundo dolor de cabeza.
Me he levantado hace poco, he desayunado y he puesto la Rai en internet para, como decimos, “hacer oído”. Pero solo he obtenido un profundo dolor de cabeza:
Cuando enciendes la televisión italiana solo aparecen viejos verdes, rubias operadas, mamachichos y cartones y efectos televisivos de lo más retro. Al estilo Telecinco de los 90. Y al cambiar de canal solo conseguirás encontrarte con otro grupo diferente de italianos pegándose gritos entre sí cual gallinas de corral. La radio tampoco me llena mucho, pero al menos no los veo. Eso sí, tienen buena música.
He dejado de ver la tele y me he puesto a pensar:
Ayer estuve en Suiza. Alquilamos una pequeña “macchina” y pasamos la frontera por dos días. De Italia a Francia, de Francia a Suiza y de Suiza a Italia. Han sido solo dos días, pero he de reconocer que me lo he pasado muy bien. Hemos dejado que los franceses nos sablearan de lo lindo por dejarnos pasar su frontera. 40 EUR. Que nos volvieran a sablear por ir a 10 kilómetros por hora más de los permitidos (80 km/h) en el mismo túnel de la frontera. Otros 45 EUR. Que los gendarmes nos pararan en plena salida del túnel, sin apartar el coche y fuéramos los culpables de un doble accidente camionil bien saldado. Que nos metieran en la “gendarmerie” a enseñarnos la foto-multa de 20 megapíxels en la que se me veía todo encantado con el túnel. Eso sí, visitamos Chamonix, la desgastamos a fotos, pero no consumimos ni una triste botella de agua, para resarcirnos de gusto con los franceses. Chamonix y el Mont Blanc, increíbles, franceses.
Visitamos Ginebra y lo poco que hay que ver en ella. Sus arquitectura baja y sus horizontes impenetrables. Conocimos la armonía de la construcción, la naturaleza y la forma de vida suizas…El “jet d´eau”, los cisnes, las navajas suizas, la catedral, su maravilloso centro, los trolebuses, las terrazas y las calles de la típica ciudad centroeuropea que a las 6 de la tarde se convierte en el desierto del oeste. El timo-método del aparcamiento en Suiza con una ruleta a modo de reloj de párvulos de cartulina en el que pones la hora a la que aparcas; el chocolate caliente suizo que resulta ser de polvos de Suchard, cuchara y remover…Todo eso. Pero también la torre del reloj, el reloj de flores, los relojes de cuco y la continua publicidad de grandes marcas de relojes caros. Pero, al fin y al cabo, la ciudad de Rousseau y Voltaire es muy, muy bonita y tiene un encanto tremendo.
Hemos recorrido la circunferencia completa del lago Lemán, el lago más grande de centroeuropa y sus pueblos de alrededor:
Vevey, el pueblo de Nestlé; Montreux, un pequeño Benidorm “a la Suiza” lleno de hoteles y de luces de neón; Villeneuve, una aldea muy cuca y sospechosamente demasiado tranquila; y Gruyères, su empedrado y su olor a vaca y queso. He probado el Gruyère y el chocolate suizo con caramelo. Para morir.
Hemos ido en un Panda que no paraba de hacer ruidos de lo más extraño, un tubo de escape cantarín, una canica traviesa perdida en el mecanismo interno, puertas abiertas en marcha, un neumático del todo desinflado y una adherencia al asfalto un tanto dudosa. Pero he de reconocer que se portó como un valiente. A la vuelta por no volver a pasar por el mal trago del túnel-robo del Mont Blanc y pensando que evitaríamos el dineral del peaje, optamos por el puerto Suiza-Italia y el túnel de San Bernardino. Otra broma más. Una nieve que en mi vida había visto, unas carreteras a punto de congelación; ausencia de cadenas, de quitanieves y de quitamiedos. Un camión enorme delante en plena cuesta que amenazaba con deslizarse contra nosotros y volcar por un precipicio en medio de los Alpes; y 29 EUR de broma para volver a entrar en mi país.
He disfrutado de Suiza, de su semejanza a la Asturias española, de sus vacas no moradas, de su lluvia y del no-saber-hablar-italiano de sus habitantes. He pagado con francos suizos y he comido en los Mac Donalds más caros del mundo. Y también he recordado un poco el francés.
Ahora estoy en mi casa y me voy a ver un poco la tele italiana. Para relajarme.
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