“Stop”ify


Un lugar donde tener acceso a la música que tú quieras de manera gratuita y para siempre. Aquello existía, y era Spotify. Ahora tenemos otra cosa.

Spotify nació entre suecos un buen día soleado del año 2006. Entonces la empresa se hacía llamar Spotify AB, y fue creada por dos jovenzuelos de no mucho más de 20 años, tal y como pasó con Facebook. La idea parecía interesante: crear un programa descargable de la red gracias al cual poder intercambiar archivos de música P2P, algo así como lo que hacen sitios como Ares, MegaUpload o Rapidshare, y poder acceder a millones de archivos musicales de manera totalmente gratuita. Pero consistía en eso, tener solo el acceso, no la propiedad.

La empresa pagaba una cierta cantidad a las discográficas más famosas de Europa y con ello, e insertando publicidad, ofrecía sus servicios. Este es el primer spot televisivo de la empresa en Suecia:

Hasta ahora, de cara a Spotify, podrías ser usuario “Free”, “Open” o “Premium”. Las dos primeras eran totalmente gratuitas y se diferenciaban en cómo habías llegado hasta ahí, por invitación personal o mediante registro. Pero siempre gratis. Los usuarios “Premium” pagaban, ahora también, 9.99 € al mes a cambio de tener acceso universal a la música, incluso en modo “offline”, sin necesidad de estar conectado a la red. El negocio sólo era ese. Lo que la empresa sueca ingresaba por parte de sus consumidores era aquella cuantía proveniente de los ya nombrados usuarios “Premium”. Todos los demás no pagaban. Y yo, tampoco. Sólo teníamos que  soportar algunas inserciones publicitarias que saltaban de vez en cuando cada pocas canciones. Ese, podríamos decir que ha sido el gancho de Spotify hasta hoy: mostrar al consumidor todo aquello que podía ofrecer, y de manera gratuita, que es lo que realmente llama. Una vez Spotify se ha hecho con sus consumidores, sean de pago o acoplados, y les ha deleitado con su gratuidad y buena calidad de su servicio aparecen los cambios. La publicidad, desde entonces, comenzó a aparecer cada menos canciones, y el gran cambio llegó a comienzos de mayo de 2011. Spotify decidió felicitar el día del trabajador a todos sus usuarios gratuitos, que desde entonces verían restringida su hasta ahora libertad musical en la red. La multa: diez horas de escucha total al mes (que hasta ahora había sido ilimitada) y la imposibilidad de oír más de cinco veces la misma canción en ese mismo periodo.

Spotify se encuentra disponible solo en España, Francia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, Noruega y Finlandia. En otros, solo si pagas. Y dentro de poco el gran lanzamiento se hará en EEUU. Si bien actualmente uno de cada diez usuarios del programa es de pago, está claro que el negocio sí es rentable. Lo que está por ver es si lo seguirá siendo después de los recortes.

De momento, debéis saber que otros programas también ofrecen el mismo servicio que Spotify, y de manera totalmente gratuita y sin recortes, por el momento. Son sitios páginas web que ni siquiera necesitan descargar ninguna aplicación y permiten el mismo disfrute: canciones, autores y listas de reproducción. Y algunos, incluso vídeos.  Son sitios como Musicuo, Grooveshark y Gatunes. ¡Veremos por cuanto tiempo!

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