Ley de la Percepción


Dicen que existe un libro que contiene los secretos que gobiernan el éxito o el fracaso en los mercados…

…y también dicen que no existe quién que, tras ver este spot, no acabe amándolo:

 

La Ley de la Percepción (“El márketing no es una batalla de productos, es una batalla de percepciones”) establece que no hay mejores productos. Lo único que existe en este mundo son las percepciones en la mente de los clientes. Estas son las que constituyen su propia realidad y el marketing no es más que manipulación y batalla de percepciones. Por tanto, lo que el consumidor crea será lo que importe a la hora de elegir un producto, no el producto en sí. Solamente enfocando las percepciones hacia nuestro programa de marketing obtendremos el éxito.

Las 22 leyes inmutables del marketing, de Al Ries y Jack Trout, explican con ejemplos de la vida real la manera en que determinadas corporaciones han violado o aplicado estas leyes y las consecuencias a las que les han llevado sus decisiones. Las leyes del márketing no son leyes difíciles de comprender. Resultan muy lógicas y enseñan a pensar en cómo piensa cada consumidor.

Si una empresa triunfa será gracias a las leyes del marketing y si una empresa fracasa, también será la culpa de las leyes del marketing. Y Coca-Cola se percibe, en este caso, como una verdad universal.

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La historia del bolígrafo Bic


Una breve historia sobre el bolígrafo

“El hecho histórico es el Bic vacío y con tapa”

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El hecho de atribuir un invento a su descubridor se vuelve en ocasiones algo del todo criticable. Siempre está quien tiene la idea y con un poco de suerte la pone en marcha. Pero al poco tiempo otro tercero la perfeccionará y tendrá más éxito. Un cuarto será el que venda la patente, siempre y cuando, un enésimo no haya reclamado una anterior invención del producto.

Sin embargo, también puede ser que la contribución de cada uno llegue a la consecución de no un algo mayor, sino un algo muy grande: desde finales del siglo XIX ha habido una gran cantidad de patentes del bolígrafo.

John Loud en 1888 fue el primero que tuvo la idea de la bolita giratoria en la punta del boli -que de ahí su nombre. Comenzó siendo una idea aplicada a su negocio: poder diseñar fácilmente patrones sobre el cuero con el que trabajaba. Sin embargo el uso de este prehistórico boli no llegó al mundo de la escritura sobre papel: goteaba y dejaba manchas. Muy poquito después, el croata multipatentativo Eduard Penkala -el mismo que inventó las bolsas de agua caliente- inventó la pluma estilográfica de tinta sólida, e introdujo novedades en la lapicera , la llamó “lápiz automático”. Nos encontramos en los primeros años del 1900. En menos de una década, aparecen dos nuevas patentes del bolígrafo, la del señor Baum y la del señor Riesburg. Pero ninguna de sus invenciones llegó a cuajar: sus bolis dejaban un trazo desigual en la escritura.

José Biró es el que más se acerca a ser el propietario de esta herramienta para escribir. Nacionalizado en Argentina y periodista de profesión, podría considerarse un pequeño Edison del siglo XX.

Se dice que Biró tuvo esta genial idea mientras escribía uno de sus reportajes: Estaba cansado de que la pluma (llamada también boli-fuente) con la que escribía se le trabara al realizar sus trazos. Su inspiración llegó al contemplar a unos niños que jugaban con unas bolas en la calle. Una de estas bolas, al escapársele a uno de ellos, cruzó un charco y dejó tras de sí un rastro de agua que marcaba su trayectoria. Este sería el ideal infantil en el que se basaría Biró para llegar a su prototipo.

En 1940 se establece en Buenos Aires la empresa Biró-Meyne-Biró, que llevaba los nombres de los dos socios. Desde el corazón de un garaje lanzaron su producto al mercado con el nombre de Birome (BiroMeyne). Actualmente, el bolígrafo común es conocido en latinoamérica con ese nombre. Su inventor lo denominó: esferográfico. Sin embargo, dada la basicidad de este prototipo, el birome recibió muchas críticas y fue acusado de juguete y ser más adapto para el público infantil.

Finalmente, los derechos para Europa los comercializó Marcel Bich en una fábrica de París en 1945. Bich fue quien llevaría al bolígrafo al centro de su revolución: la revolución Bic. El nombre de la marca proviene de su propio apellido, sin embargo fue un asesor personal el que aconsejó al señor Marcel cambiar el nombre de su marca, debido al desafortunado parecido que tenía con la palabra inglesa “bitch”.

El precio de un Bic rondaba los 100 dólares en 1949. Era el precursor del que hoy se conoce como boli cristal -“transparente y de forma hexagonal, de tinta indeleble, secado rápido y siempre cargado. Y encima de una mesa jamás rodará hacia ningún sitio”-. A partir de entonces y debido a su gran demanda, el precio de los bolígrafos se redujo extremadamente hasta alcanzar el valor que actualmente poseen. Marcel Bich contribuyó a la democratización del bolígrafo, que hoy en día es considerado uno de los mejores inventos del siglo pasado por su asequibilidad, simplicidad y fácil uso. “Todos tienen un bolígrafo BIC en la mano”, decían sus primeros eslóganes.

A partir de los años 50, la empresa comienza su expansión universal. Comienzan con ello las novedades: surge el boli retráctil, vendido como M10 Clic, en referencia al sonido que hace al ser accionado. El boli clic tenía como ventaja la protección de la punta y, en determinadas ocasiones, impedir manchar el entorno con el que entre en contacto.

Bic adquiere Water-Pen, la creadora de la pluma fuente. Con lo que obtiene el liderazgo universal en la industria de los bolígrafos de alta calidad con un precio muy bajo.

En 1961 se crea su famoso logotipo: un elegante bolígrafo vestido de traje naranja con cabeza esférica y metálica. Y en 1973 aparece un hito: el mechero Bic, un encendedor de llama ajustable de bajo precio y gran calidad. También en esos años aparece el otro gran hito: la cuchilla de afeitar desechable. El éxito fue enorme.

En los años 80 aparece la subsidiaria Bic Sports. Desde entonces la marca fabrica también velerons y canoas. Y en los 90, la empresa adquiere otras como Wite-Out Products y la conocida Tipp-Ex. Apareceran otras innovaciones como la tinta gel, bajo la gama “Crystal Gel“; también el famoso “tipexShake and Squeeze y los bolis con grip, los del frenillo adherente en la parte en la que se agarran. Las cuchillas se hacen de doble y triple hoja. En los últimos años Bic ha reforzado su imagen con empresas como Disney y Mattel. Aparecen los bolis, las plumas y los lápices con la imagen de Barbie y otros personajes infantiles. A mediados de 2009 la empresa se une al sector telefónico gracias al lanzamiento del BicPhone.

La universalidad e impecabilidad de Bic ahora se refleja en su nuevo eslogan, “No Sabe Fallar“. En los años 80, se presentaba en la televisión como algo así de divertido:

Actualmente se venden al día 11 millones de cuchillas y 4 millones de encendedores de la marca, que se ha convertido, desde hace casi siete décadas, en el monopolio de la imagen de lo desechable. De hecho, el inventor de aquel birome de plástico transparente y punta esférica de tungsteno, tras usar el primer ejemplar lo tiró a la basura.

“Se desecha y no se usa más. Es barato, pero es bueno. Podrás conseguir otro igual por muy poco precio”. Ese es su mensaje básico. El boli bic, por tanto, tiene poco más en lo que hacer uso. Sin embargo esa carencia es su principal característica. Y es que quizá sea uno de los inventos más usados de la historia.

Además de su más conocido uso, el Bic Cristal ha sido una herramienta polivalente a lo largo de los años: los espías de la Guerra Fría usaban el capuchón del boli como microcámara de fotos colocando un negativo en el agujero. Es ideal para practicar traqueotomías de urgencia, apretar tuercas, escribir chuletas o como cerbatana. Muchas mujeres se recogen el pelo con su cuerpo y, hasta hace pocos años, rebobinar la cinta de casette era una maravilla. Otras veces los capuchones son mordisqueados incisivamente como símbolo de tensión ante un examen, o mientras se estudia. Y existe también quien ha hecho maravillosas obras de arte con su tinta, como las imágenes del andaluz Juan Francisco Casas. Esta es su web.

Esta es la última joya televisiva de la marca. Los nuevos Blank Canvas, el rotulador lavable de Bic.

Un bolígrafo Bic es capaz de trazar una línea de 2 kilómetros de longitud; su historia es un galimatías prácticamente indescriptible, pero nunca desechable.

Schweppes, en su tónica


¿Creerías a quien te dijera que la bebida conocida como Schweppes tiene algo en común con las famosas galletitas horneadas con forma de persona, sonrisa de payaso y botones de caramelo? El secreto se halla en uno de sus ingredientes, el jengibre.

Un aburrido día de 1783, Johann Jacob Schweppe inventó en la ciudad suiza de Ginebra (jengibre-Ginebra, jengibre-Ginebra) la bebida que llevaría su apellido. Gracias a un sencillo método por el cual el señor Schweppe añadía anhídrido carbónico al agua con azúcar el concepto de refresco cambiaría por completo para todas las generaciones venideras. Poco después, cuando nuestro amigo se trasladó a Londres, fundó la Schweppes Company, incapaz de imaginarse el éxito que tendría.

En tiempos del Imperio Británico, los soldados ingleses pasearon la tónica por tierras indias. Allí le dieron su primer uso, medicinal, mientras combatían enfermedades como la malaria, mezclando soda, limón y quinina. Tuvo tanto éxito que la llevaron de vuelta a Inglaterra y la convirtieron en bebida nacional. Y la “tónica santa” comenzó a ser embotellada. En 1912, fueron encontrados restos de los primeros botellines en el Titanic.

Grandes anuncios en todas las ciudades dieron a conocer la marca durante las primeras décadas del siglo pasado, y fue entonces cuando la empresa comenzó a flotar sobre burbujas. Un veterano británico en un anuncio de los años 50, describía la bebida como “Schweppervescente”, haciendo referencia a su exclusividad dentro del género. Y más famosos fueron los spots en los que un eslogan sonoro apela a la tónica como “Schhhhh…. Schweppes”, describiendo la magia de su sonido al ser descorchada. Otros famosos han sido “Inesperada desde 1783”, “un punto amargo es sexy”, “You-know-who” (“Sabes quién”) o el más actual “¿Qué esperabas?” (“What did you expect?”).

Después de 225 años de historia, la tónica Schweppeses es líder de las tónicas desde su creación. De hecho, la empresa dice que siete de cada diez litros consumidos de esta bebida son de la marca. En España, la referencia más famosa está en la plaza madrileña de Callao desde 1969, el cartel luminoso que se ha convertido en los iconos más brillantes de la publicidad en nuestro país. En famoso se convirtió también el Hombre de la Tónica, que aparecía en este spot televisivo de 1989. Desde entonces, y para siempre, la empresa ha recurrido a la imagen de un icono como representación de su marca (bueno, eso y algún que otro felino). Un recurso fácil, pero eficaz, para llegar al cual lo único que se necesita tener es dinero. España lidera el consumo per cápita de tónica a nivel mundial de esta empresa que, a día de hoy, forma parte de la multinacional alimentaria Cadbury. La de las barritas de chocolate.

En el terreno más conocido, personajes de la talla de Hugh Laurie (más conocido como House), Adrien Brody, Nicole Kidman, Oskar Salcedo o Eduardo Noriega han dado su imagen a la bebida. Uma Thurman ha sido la última en aparecer en un comercial, ofreciendo explícitamente “sexo o Schweppes” a un periodista. Este es el resultado:

Si bien su inventor, Johann Jacob, un orfebre alemán, llegó a inventar la bebida carbonatada, ¿por qué no iba a poder Kill Bill pasar de matar japoneses a beber tónica como una auténtica musa? ¡Schhhh, diría!

“Stop”ify


Un lugar donde tener acceso a la música que tú quieras de manera gratuita y para siempre. Aquello existía, y era Spotify. Ahora tenemos otra cosa.

Spotify nació entre suecos un buen día soleado del año 2006. Entonces la empresa se hacía llamar Spotify AB, y fue creada por dos jovenzuelos de no mucho más de 20 años, tal y como pasó con Facebook. La idea parecía interesante: crear un programa descargable de la red gracias al cual poder intercambiar archivos de música P2P, algo así como lo que hacen sitios como Ares, MegaUpload o Rapidshare, y poder acceder a millones de archivos musicales de manera totalmente gratuita. Pero consistía en eso, tener solo el acceso, no la propiedad.

La empresa pagaba una cierta cantidad a las discográficas más famosas de Europa y con ello, e insertando publicidad, ofrecía sus servicios. Este es el primer spot televisivo de la empresa en Suecia:

Hasta ahora, de cara a Spotify, podrías ser usuario “Free”, “Open” o “Premium”. Las dos primeras eran totalmente gratuitas y se diferenciaban en cómo habías llegado hasta ahí, por invitación personal o mediante registro. Pero siempre gratis. Los usuarios “Premium” pagaban, ahora también, 9.99 € al mes a cambio de tener acceso universal a la música, incluso en modo “offline”, sin necesidad de estar conectado a la red. El negocio sólo era ese. Lo que la empresa sueca ingresaba por parte de sus consumidores era aquella cuantía proveniente de los ya nombrados usuarios “Premium”. Todos los demás no pagaban. Y yo, tampoco. Sólo teníamos que  soportar algunas inserciones publicitarias que saltaban de vez en cuando cada pocas canciones. Ese, podríamos decir que ha sido el gancho de Spotify hasta hoy: mostrar al consumidor todo aquello que podía ofrecer, y de manera gratuita, que es lo que realmente llama. Una vez Spotify se ha hecho con sus consumidores, sean de pago o acoplados, y les ha deleitado con su gratuidad y buena calidad de su servicio aparecen los cambios. La publicidad, desde entonces, comenzó a aparecer cada menos canciones, y el gran cambio llegó a comienzos de mayo de 2011. Spotify decidió felicitar el día del trabajador a todos sus usuarios gratuitos, que desde entonces verían restringida su hasta ahora libertad musical en la red. La multa: diez horas de escucha total al mes (que hasta ahora había sido ilimitada) y la imposibilidad de oír más de cinco veces la misma canción en ese mismo periodo.

Spotify se encuentra disponible solo en España, Francia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, Noruega y Finlandia. En otros, solo si pagas. Y dentro de poco el gran lanzamiento se hará en EEUU. Si bien actualmente uno de cada diez usuarios del programa es de pago, está claro que el negocio sí es rentable. Lo que está por ver es si lo seguirá siendo después de los recortes.

De momento, debéis saber que otros programas también ofrecen el mismo servicio que Spotify, y de manera totalmente gratuita y sin recortes, por el momento. Son sitios páginas web que ni siquiera necesitan descargar ninguna aplicación y permiten el mismo disfrute: canciones, autores y listas de reproducción. Y algunos, incluso vídeos.  Son sitios como Musicuo, Grooveshark y Gatunes. ¡Veremos por cuanto tiempo!

Con los dedos naranjas


Cheetos ha decidido cambiar su target. O mejor dicho, dilatarlo. Si bien no tenía suficiente con el público infantil y juvenil, ahora ha decidido ampliar su radio de acción a los adultos. Algo arriesgado, podríamos decir, cuando se trata de vender bolsas de patatas a señores mayores.

Chester Cheetos, el protagonista de la marca, pasa a ser la conciencia de muchos, de todos aquellos que quisieran, ya como adultos, seguir actuando como si fueran niños. El resultado se puede ver en los siguientes comerciales que, a mi parecer, son del todo llamativos. Solo tendremos que esperar a ver su efectividad:

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Si bien, hoy Cheetos pertenece a la compañía Frito-Lay, propietaria de otras marcas registradas como Doritos, Fritos, Lay´s o Ruffles; lo que comenzó con un pequeño vendedor de frituras y helados en el estado de Texas, Estados Unidos -allá por los años 30- acabó convirtiéndose en una de las grandes multinacionales encargadas de comercializar en el mundo de las patatas fritas. Elmer Dollin fue el patrón de esta empresa que comenzó su experiencia en la cocina de su madre y después el garaje de su propia casa. Hoy en día forma parte del gran monopolio PepsiCo, hacienda presente en más de 200 países en todo el mundo, y que surgió fruto de la unión entre Frito-Lay y Pepsi-Cola, en el año 1965. En España -al igual que en Portugal- la producción y distribución se encuentra bajo el dominio de la marca Matutano.

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Los tiempos cambian


La afirmación más acertada desde siempre es aquella que decía “los tiempos cambian”. Ya lo dijo Dylan en el 64. Y si bien, nuestras vidas cambian, también lo hace el modo en el que nos comunicamos. Llamémoslo Narración transmedia.Un nuevo término acuñado hace muy poco tiempo que puede estar cambiando la vida de todos nosotros.

Se trata de la narración del siglo XXI. Los hechos ya no tienen un inicio, un desarrollo y un final, tal y como hacía Andersen con sus cuentos. Ya no se trata de ir al cine, ver un film y basta, se acabó la historia. Parece ser que ahora ésta se complica un poco más. Y parece ser entretenido.

En los últimos años está cambiando la forma en la que vemos las cosas, y también la forma en la que nos las cuentan. Transmedia es eso: comenzar siendo usuario de un contenido y convertirse en su propio protagonista. Consiste en continuar con la historia durante mucho más tiempo del habitual, emitirla en diferentes medios y a través de diferentes plataformas. Y lo más importante, compartirla con millones de personas y hacerlo desde varios puntos de vista, sin que nunca llegue a finalizar del todo.

El concepto no deja de ser un poco complicado, dado que también es innovador, pero si aún no ha quedado del todo claro, os invito a que veáis este pequeño repor:

¿Y tú a dónde quieres ir?


¿Y si en unos de tus viajes por el mundo te encontraras una gran caja negra con un botón rojo en medio de la calle? ¿Lo presionarías?

Este es el último comercial de la sociedad de trenes francesa, SNCF. Es otro spot más que, siempre mediante motivos alusivos a la fantasía infantil, consigue captar a la mayoría del público y dejarnos con la boca abierta y alguna que otra sonrisa.

Espero que os guste.

Huele, más que nunca, a Navidad


Hoy he decidido lanzarme a escribir el último post del año, y es por eso por lo que quiero que sea algo diferente. Hace casi dos semanas que llegué a España y la verdad es que me encuentro bien en casa. El hecho de haber llegado hace poco hace que me llamen la atención muchas cosas que no lo harían si viviera aquí.
Por primera vez, me doy cuenta del carácter de los españoles y me resulta confortable. Es cierto que somos abiertos. Es cierto que somos alegres. Y es cierto que gritamos.
Cosas que antes eran banales ahora me llaman más la atención. Tres meses fuera de casa me han servido para darme cuenta de que la televisión se está volviendo pura basura y que la TDT no ha sido más que un invento para engañar a la sociedad y sacar más cacho con la publicidad.
El informativo de Antena 3 ha vuelto a cambiar, como lo viene haciendo cada mes y medio desde hace dos años, y se ha transformado en el verdadero Cirque du Soleil. Ya no existen planos generales, frialdad en las noticias y seriedad en la información. Vistamos a las presentadoras como burbujas de Freixenet y pongámoslas escote; labios rojos y listas para la Carretera de Renedo. Colores cálidos, lo nunca visto. Expresiones adolescentes, música a lo más techno progressive y olvido de eufemismos e ideologías implícitas para dejar entrever el sarcasmo de peor humor que he visto en un telediario. Puro rigor.
Más allá de las 12 de la noche el 80% de los canales de la televisión se vuelven auténticos casinos prostibularios. Juegos de azar, números y letras y mujeres sin ropa. El “llama ahora” se ha convertido en la nueva decadencia de la televisión moderna desde la incursión de la telenovela sudamericana en España allá por el año 90.
Hablando de televisión y los años 90, fue durante el primer año de esa década cuando apareció la fragancia Trésor, de Lancôme. Y si algo me llama la atención es quién lo protagoniza este año. La tan afamada y, a la vez, reprobada Penélope Cruz está ganando sus millones desde su aparición en “Volver” en 2006.
Y es que no hay nada más navideño, y a la vez menos ligado a la navidad, en la televisión que la colonia de Lancôme. La mágica melodía del anuncio identifica rápidamente la fragancia con la llegada de la Navidad y nos indica que es diciembre. Y así lleva siéndolo desde que la actriz italiana Isabella Rossellini fuera imagen de la marca desde su creación hasta el año 96. La misma que declaraba haber sido violada de pequeña, por “haberse dejado” con un simple “sí”, como si dijera un “no”, fue sustituida por desuso de su imagen personal por la vallisoletana Inés Sastre. Sin embargo, la larga y perfumada carrera de la española se truncó en el momento en que Kate Winslet resurgiera de sabediosdonde con el film “El Lector” en 2008. Y, a pesar de que sigue siendo imagen de la marca, Penélope Cruz este año es la elegida por la compañía L´Óreal para protagonizar la campaña del 2010 que, a mi parecer, está bastante trabajada y no lo ha hecho del todo mal, pero sigue resultando algo extraño ver a Pe asomada a un balcón parisino al atardecer. De hecho, hay que reconocer que ninguno de los escenarios ni paisajes son reales.

Todos los spots del perfume evocan a una mujer que espera ansiosamente la llegada del hombre, que acude a su encuentro. Y, siempre, en un atardecer rosado, como el color del perfume. Personalmente, el spot más logrado es el de Kate Winslet; que, a mi parecer, crea un ritmo de angustia que, verdaderamente, lleva a recordarlo. ¿Quién será la próxima?
Aquí os dejo un link con el making of del spot de esta Navidad, creado por Mario Testino, y su magnífica melodía.
La canción fue extraída de la original de George Delerue para el film francés “Le Mépris” (1963) y su nombre es “Theme de Camille”.
Feliz Navidad y feliz año nuevo a todos.